Observando el trabajo que se realiza en el cementerio de la Parroquia Changaimina


 En el cementerio de la Parroquia Changaimina, el ambiente estaba lleno de silencio y respeto. Los cipreses se alzaban como guardianes solemnes, mientras que las lápidas, cubiertas de musgo, contaban historias de generaciones pasadas. 



Los encargados avanzaban con cuidado, revisando cada detalle con atención. Su propósito era asegurar que el lugar sagrado se mantuviera en orden y que se respetaran las normas establecidas para su conservación. A medida que caminaban por los senderos, el viento susurraba entre las ramas, creando una atmósfera de paz y reflexión.

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